domingo, 28 de noviembre de 2010

Capitulo 5: La primera sonrisa.

Capítulo 5: La primera sonrisa.

La carta me dejó paralizado, era muy triste. Una persona que pierde a su madre lo debe pasar muy mal, como estaría yo si se  hubiera muerto mi madre, esas serán sus razones para quedarse siempre seria.
Pero no creo que yo pueda hacer nada, excepto ser un  poco más simpático.
Me subí a la bicicleta con la carta en el bolsillo, tenía que devolvérsela, aunque si se daba cuenta de que la había leído, se iba a enfadar bastante, así que vería como me las apañaba.
Toc, toc, sonó en la puerta de su “casa”. Abrió, era ella.
-Hola- saludé.
-Hola, ¿qué quieres?-respondió ella con cara extrañada.
-Se te calló esto en la biblioteca- se quedó, ahí, quieta, abriendo los ojos mucho, con una cara de: “¿Y si lo ha leído?” No le iba a decir nada porque no, además, es que si le decía algo se iba a tomar tal cabreo que no me iba a hablar menos que antes, que  era casi nada, quería ser amable, ya que no me gusta herir a la gente emocionalmente, y lo de Ángela no cuenta, pues vete a saber si se siente dañada o no, a ella todo le da un poco igual, es un espíritu libre, seguramente se ha olvidado ya de mí.
Pero vamos, me da igual, si se ha olvidado alguien de Ángela ese soy yo.
-Eh, ¿la has leído?- tenía que mentir, ¿cómo iba a reaccionar si le decía que lo había leído?
-No, no he leído nada.
-Está bien- dijo ella con cara desconfiada, no me extraña, yo tampoco me hubiera creído del todo que alguien no ha leído una carta que se me ha caído en un sitio público.
-Adiós- me despedí.
-Hasta mañana- hizo una sonrisa, algo que no le había visto desde que había llegado, la pregunta era, ¿por qué me sonreía a mí? Gran duda que tendré.
Era por la noche, estaba en la canasta que había en el patio de mi casa, me sentía raro, seguía pensando en eso, quería quitármelo de la cabeza, pero no podía, quería saber por qué, ¿es que de repente le caigo bien? ¿O ha sido por amabilidad? ¿Por qué tengo  que ser tan curioso? ¿Por qué me preocupo tanto por tal idiotez que me lleva la cabeza llena? Todavía recordaba eso, y cada vez que lo recordaba me daban más ganas de saber por qué lo ha hecho, y no sabía por qué. A demás, no iba a ir a su casa para decirle: “Oye, ¿por qué me has sonreído?” No, no iba a hacer eso. Parezco un tonto aquí hablando de una chica a la que no conozco casi nada, esto nunca me había pasado, es una verdadera t-o-n-t-e-r-í-a, para aclararlo más.
-¡Hijo, la cena está lista!- estaba en otra cosa, y me pegué un susto enorme.
-Ya voy papá.- estuve toda la cena pensando en eso, y aunque quisiera no podía.
-Hijo, David…, ¿estás ahí?
-Tierra llamando a David- bromeó mi hermana Celia.
-¡Qué! ¿Qué pasa?
-Sólo te queríamos preguntarte qué tal te ha ido el trabajo.
-Ah, sí, muy bien, very good, trés bien, molto bene. Hemos escrito sobre…, no me acuerdo de su nombre…, la que escribió Orgullo y prejuicio.
-Jane Austen- completó mi hermana.
-Sí, esa, no me acordaba.
-Veo que estás en tu mundo- mi padre sacó esa conclusión.
-Sí, bueno, será por los nervios de entregar el trabajo y saber la nota pronto. Tengo sueño, me voy a la cama.
Estaba todavía pensando en eso, cuando entró mi hermana, era raro, la mayoría de las veces le daba asco entrar en mi cuarto ya que todo había sido tocado por mí.
-Es esa chica, ¿verdad?
-¿Qué? ¿P-por qué lo dices?- ¿cómo lo sabía?
-Porque te conozco desde hace diez años y nunca has vuelto tan raro de un trabajo que tienes que hacer con una chica, ni siquiera cuando te gustaba Ángela. A demás, soy tu hermana, si te gusta Andrea me enteraré tarde, o temprano.
-Vale, llevas razón, pero no me gusta, no, para nada.
-Venga David, aunque sea tres años menor que tú no soy tonta, y si sigues quedándote embobado cada vez que piensas en ella, ¿qué va a pensar de ti?
-Pero es que Celia, yo no creo que me guste, solo estoy pensando en ella, desde que…, ¡ay  madre, me gusta Andrea!- no me lo podía creer, era lo menos que me esperaba, ¿y por qué me gusta? No lo pillo, por una vez entiendo a mi madre, esto de la adolescencia, es una verdadera lata.
Es que porque sonría a una persona no le tiene que gustar otra, será por algo más, pero no caía en qué...
-Bueno, me voy a dormir- dijo Celia-, hasta mañana, y no seas tan idiota.
-Buenas noches.
Dormí más o menos bien, y gracias al haber encontrado la solución a lo de Andrea, me sentía más tranquilo, y, ya no pensaba en ello, aunque algunas veces, me venía a la cabeza, pero no era tanto.
A la mañana siguiente, me desperté con ganas de llevar mi vida normal, sin pensar en eso, ya que era muy poco normal, y nadie se esperaba que a mí me gustara esa chica, ni si quiera me lo esperaba yo, pero eso daba igual, lo que importaba era lo que iba a hacer al respecto…

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