martes, 26 de octubre de 2010

Capítulo 2: Camibio total.

                                                      
 -Hola mamá, ya estamos aquí- entré en casa, con la voz un poco temblorosa, ya que la que la bronca que nos podía venir, podría ser grande.
-Hola David, ¿qué tal la escuela?
-Bueno, ha pasado algo…, cuéntaselo tú, Celia- mi madre vino  a la entrada, estaba extrañada.
-Es que, verás mamá, estábamos yendo hacia casa, cuando íbamos a cruzar el paso de peatones, cuando vi un billete, entonces, como yo creía que no venía ningún coche, me agaché, y entonces vino uno, David me avisó pero yo no le escuché, entonces una compañera suya me cogió y me llevó a la acera, intenté parar la caída y puse la muñeca, caí mal y ahora me duele mucho.
-Ay, dios, bueno, ya hablaremos de esto luego, ahora te tengo que llevar a un traumatólogo, David, la comida está en la encimera, volveremos aproximadamente a las cuatro y media.
Tenía bastante hambre, así que comí con gana, hice los deberes, y me fui al entrenamiento de baloncesto, pero ahora mismo lo único que quería hacer era sentarme en el sofá a ver la tele y a reflexionar mientras que esperaba, pero ya era demasiado tarde, pero, no podía, y a lo mejor desconectar un poco de todo lo que ha pasado esta mañana .
-Hola Marc- me encontré a mi mejor amigo Marc, que iba al entrenamiento conmigo.
-Hola, ¿a qué viene esa cara?
-Bueno, pues casi nada, mi hermana está en el hospital por un coche.
-¿Cómo? ¿Han atropellado a tu hermana?
-¡No!- contesté yo-, pero casi…, la nueva, Andrea, la ha salvado de el atropello. Lo  que ha pasado es que se ha encontrado un billete, venía un coche, Andrea la cogió y Celia quiso parar con la muñeca.
-¡Hala!
-Sí, justo eso digo yo, ¡hala!
-No, ese hala no iba por el hala que yo tendría que haber soltado, el hala es por eso- señaló justo delante de nosotros, ahí estaba Andrea, entrando al pabellón del cole-gio, madre mía, era por darme la vuelta e irme, y este mal rollo con Andrea venía de un “presentimiento”, y cada vez era más fuerte. Entramos al pabellón, Andrea parecía tan sorprendida como yo, cuando empezaban los entrenamientos solía haber mucho escándalo, y este era un día de esos. Y, de repente, sonó un pito tan fuerte que casi hizo que todo el equipo nos cayéramos al suelo.
-Buenas tardes, esta es Andrea, ¿lo habéis pillado? Pues a jugar- el entrenador no es que fuera muy enrollado, siempre iba al grano-, estas son las parejas: Juan y Carlos, Antonio y Luís, Marc y Alejandro,  David y Andrea- todo iba empeorando poco a poco, pero me quedé callado y empecé a entrenar.
-Oye- me dijo Andrea- ¿qué tal tu hermana?
-Pues, mi madre la ha llevado al hospital, pero no sabré los resultados hasta después del entrenamiento.
-Ah, vale- después de eso, lo único que se oyó fue al entrenador gritar y el chirrido de las zapatillas al rozar el suelo, bueno, solo eso no.
-¡David, cariño!- cuando me di la vuelta, vi a Ángela en  las gradas, saludando-me, se había traído dos amigas, cuatro ojos, dos bocas y cuatro oídos más, perfecto, maravilloso.
-Hola Ángela- cada vez todo iba peor, a lo mejor se ponía celosa.
Aunque había llegado un poquito tarde, ya solo quedaba un cuarto de hora para que acabara. Sonó otra vez el puñetero silbato.
-Vale chicos, como veo que hoy lo habéis hecho bien, os dejo estos quince minutos para que hagáis un pequeño partido- a todos, o eso creo yo, nos gustaba hacer un partidito después de que entrenáramos, era muy divertido-, capitanes, David y Juan.
-Pares- dije yo antes de que Juan pudiera abrir la boca, le sentía un cariño especial a los números pares, los impares me parecían más tristes.
-Nones.
- ¡Una, dos y tres!- dijimos los dos a la vez, los pares me defraudaron, salió quince.
-Vale, elige Juan primero.
- Elijo a  Carlos- Carlos era el mejor del equipo, y siempre lo elegían el primero.
-Elijo a Alex- también jugaba bastante bien.
-Marc.
-Antonio.
-Luís- ¿por qué a mí? Solo quedaba Andrea, no tenía otra.
-Bueno Andrea, te vas al equipo de David- dijo el entrenador.
Al final ganamos. Andrea es la mejor jugadora que he visto en este equipo, tres cuartos de los puntos que hicimos fueron gracias a ella.
Salí del pabellón, no había sido tan malo como me esperaba, pero cuando estaba fuera me esperaba Ángela para hablar conmigo.
-Muy buen partido, creo- no sabía mucho sobre el baloncesto.
-Gracias.
-La nueva, Andrea es buena.
-Sí, mucho.
-No quiero que te acerques a ella.
- ¿Por qué?
-Pues porque yo soy la única chica que hay en tu vida, y ahora no va a venir ella para estropearlo todo. Tengo muchos pretendientes, los suficientes para salir cada día con uno distinto.
-¿Qué tal si te vas con ellos?- esa chica me había cabreado.
-Perdona, ¿estás cortando conmigo?
-No lo había pensado, pero sí, lo siento, pero no me gusta que seas siempre tan celosa, estoy harto.
-Perdona, pero yo soy la que digo si rompemos o no, y no hemos roto.
-¡Pero tú quién te crees que eres! Pues te diré yo: eres una persona más en el planeta, que no vale más que ningún humano, así que no te lo tengas tan creído, no quiero que tengas que ver nada conmigo, está claro- y con cara de enfadada se fue con sus amigas que llevaban la boca, cuando me di la vuelta di un gran suspiro y me fui a mi tranquila, o casi tranquila casa.
-Tío, te he oído hablar con Ángela, vaya fiera estás hecho- apareció mi amigo Marc detrás de mí.
- Uno, eres un cotilla, y dos, he hecho lo que tenía que hacer.
-Bueno, y después de esto, ¿te interesa alguien?
-¿Qué clase de chico crees que soy?¿De esos que rompen con sus novias y a la de tres dicen, mira, me gusta esa, le voy a pedir salir.
-¿Y tú qué quieres que sepa yo? Es que he visto a bastantes tíos con ese carácter, además, lo decía por cómo has defendido que querías estar en Andrea- me dijo con cara burlona.
-¡No he dicho en ningún momento que quisiera estar con Andrea, solamente he dicho que podía estar con quien me diese la gana, y que ella no puede mandarme.
-Ah, está bien- cuando miré para mi casa, de la que ya estaba cerca, vi que estaba aparcado el coche de mi madre, así que me despedí de Marc y me fui pitando para allá.
-Hola mamá, ¿qué ha pasado?
-Celia se ha fracturado la muñeca derecha.
- Qué morro- mi madre me miró con cara de esas: ¡pero qué estás diciendo!- es que es diestra.
-Si quieres verla, está arriba, pero me ha dicho el médico que estará algo estresada.
-O.K.
-Celia, ¿qué tal?
-¿Desde cuándo te importa?
-Jolín, por una vez que me preocupo de ti…
-Bien, voy a estar un mes sin hacer deberes.
-Serás…
-Fuera de mi cuarto.
-Encantado.
Tenía que hacer algo, un cambio radical, estaba harto de que yo parezca no tener vida propia, que siempre tenga que seguir a los demás, pues eso se acabó, a partir de ahora, voy a hacer lo que a mí me venga conveniente, y me da igual que sea popular o no, es mi vida y todos la van a tener que aceptar, y ya está, punto y final.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Mi libro

LA MAGIA DE APRENDER.
                                                Capítulo 1
Si alguna vez me preguntaran qué es lo que más me fastidia de una persona, no tardaría mucho en responder: la perfección. Yo siempre he pensado que si todas las personas fueran perfectas, el mundo sería aburrido.
 Ya hacía dos días que había llegado al parque de caravanas una caravana, y nadie que yo hubiera visto había salido del lugar.
 -David, dice mamá que el desayuno está listo, y no quiere que llegues tarde otra vez.
 -Celia, déjame en paz de una vez.
 -Ya estás otra vez mirando embobado por la ventana, por cierto, ¿es esa chica la que llevas espiando todo este tiempo?
 -¿Qué? ¿Chica? ¿Yo? ¿Espiando?
 -Sí, mira, está ahí- bajando de la caravana había una chica, con el pelo rubio y bastante largo, y sus ojos eran verdes. Estaba tendiendo le ropa. Tenía puesto unos vaqueros, una sudadera y unas zapatillas deportivas-, es guapa, ¿es que te gusta?
 -¡Vete de aquí ahora mismo y deja de fastidiar, plasta!- aunque llevaba razón, si que era algo guapa.
-¡David, Celia, bajad aquí ahora mismo y dejad de pelearos antes de que os castigue toda la tarde sin salir!- comprendía que mi madre estuviera harta de que Celia, mi hermana de diez años, y yo, nos peleáramos siempre, pero es que era una cría insoportable.
Bueno, el caso es que mi hermana y yo bajamos rápidamente, aunque cuando bajamos mi madre ya estaba de los nervios, entre que hace ya unos años que mi padre y mi madre se divorciaron, y ahora que mi madre estaba estudian- do para las oposiciones, y además tiene que reñirnos con cada pelea que tenemos, que la mayoría las empezaba Celia, por cierto.
-Vamos, desayunad rápido que vais a llegar tarde otra vez- en realidad, el que llegaba tarde era yo, porque el colegio estaban de camino al instituto, pero entre que la dejaba y todo llegaba tarde algunas veces, desayunamos los dos bastante rápido.
-Bueno mamá, ya nos vamos.
-Sí, y yo como delegada de clase- dijo pavoneándose Celia delante de mi madre, como siempre-, tengo que dar ejemplo llegando puntual.
-Ya, que sí, venga, vamos Celia.
Por fin habíamos salido, volvimos a ver a la chica, esta vez parecía camino del instituto, tendría unos catorce años, como yo.
-¡David! ¿No te puedes dar un poquito más de prisa? Puede que tu no, pero yo tengo vida social y una reputación- la chica miró para atrás, le hubiera dicho cuatro cosas bien dichas a Celia, pero no quería parecer que maltrata- ba a mi hermana pequeña.
-Mira, tengo tanta vida social como tú, o más, y ahora, calla y anda- por fin, después de un largo camino, dejé a mi hermana y llegué al instituto.
-¡David, tío! Por fin llegas. ¿Quién es esa?- preguntó mi amigo Javier.
-Ni idea.
-Ah, te estaba buscando Ángela- Ángela es mi novia, todo el mundo dice que encajamos bien. Además, Ángela es la chica más popular del instituto, y, bueno, se puede decir que yo también soy popular, por eso y por otras cosas encajamos bien. Ángela venía por el pasillo.
-¡Hola David! Esto…, ah, sí, hola Javier.
-Ángela, ¿sabes quién es esa chica?- señalé a la chica.
-Ah, me ha contado la hija del director que es Andrea López, pero tiene una pinta de pardilla…- de repente, sonó la sirena-, David, cariño, ¿vamos?
-Sí, venga vamos.
-Buenos días chicos, esta es Andrea, una compañera nueva. Bueno, Andrea, siéntate al lado de David. Mmm, ¡qué buen curriculum! Todo sobresalientes…
 Bueno, empezaba un día incomodo, en su cara se veía que me recordaba de algo, y eso de que mi hermana cuatro años más pequeña que yo me dijera que no tengo vida social.
 Por fin, se acabó un día de instituto bastante raro, pero ahora tenía que ir a recoger a la enana, que me iba a dejar en ridículo. Llegué a su colegio.
-Hola  bobo- dijo mi hermana.
-Yo también te quiero Celia.
-Vamos merluzo.
-Mira, mamá está hoy muy ocupada, y no quiero darle la lata con las peleas tontas, así que, ¿una tregua cuando lleguemos a casa?- sin darme cuenta, la nueva estaba escuchando.
-Venga, vale.
-Cuando te diga ya, cruzas, ¿está claro?
-Sí.
-Ya- yo crucé hasta el final, pero luego me di cuenta de que mi hermana se había quedado bastante atrás-, vamos Celia.
-¡Qué guay! Un billete- se acercaba un coche.
-¡Celia, cuidado!
-¡Ahhhhhhh!- de repente, Andrea, se tiró corriendo hacia la carretera, agarró a Celia y saltó de lado hacia la acera no me extrañó nada que hubieran caído mal, porque cayeron mal, sobre todo Celia, que intentó parar la caída con la mano. Salió el conductor del coche.
-¡Lo siento! ¿Estás bien?
-No ha sido culpa suya- dijo Celia-, ¡ay! Mi muñeca.
-Oye, Andrea- quería agradecerle lo de haber salvado a mi hermana de una muerte segura, y además, con lo flacucha que estaba mi hermana, lo de muerte segura iba en serio-, gracias por haber salvado a mi hermana.
- De nada- su voz indicaba que estaba bastante nerviosa-, eh, me tengo que ir.
Salió corriendo en cuanto pudo.
-Celia, vamos a casa. Madre mía, justo cosas como estas quería evitar hoy, justo hoy, pero no, mi vida tenía que ser así.
-Vamos ya a casa antes de que acabes pegándote mamporros a ti mismo.